La dieta de Buda: Vive más y mejor

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Secretos de Buda para vivir mejor

Voy a contarte las claves de la dieta de Buda

Fuera de creencias cerradas, podemos aprender de todo. Y para refrescar la mente, el budismo es un camino de enseñanzas prácticas que pueden ser tomadas por cualquier persona como modo de inspiración para transformar su vida. 

Los principios budistas también pueden aplicarse en tu dieta, especialmente en relación a la actitud que tenemos ante la comida. Esa es una de las cosas principales que tienes que tener en cuenta si sientes que algo en tu forma de alimentarte, nutrirte o en tu peso, no anda bien del todo.

Como siempre digo a mis pacientes y en diversos workshops y eventos, no soy partidaria de las ‘dietas’, tal como se las conoce ampliamente en nuestro país. La clave para conseguir una alimentación saludable, mejor calidad de vida, prevenir enfermedades y retrasar el envejecimiento es crear tu propia ‘rutina de alimentación’ basada en las mejores prácticas de cada ‘dieta’. Si tienes en mente los hábitos de Buda ante la comida, seguro que tu salud va a mejorar.

Lo que quiero decir con esto, es que huyas de absolutismos y dietas totalmente pautadas y estructuradas, desconfía de todos los extremos. Seguir esas dietas a largo plazo no es viable para nadie. Por nuestro ritmo de vida, la gran cantidad de alimentos diferentes a nuestro alcance, nuestra cultura, los momentos con famiia y amigos… Por eso, lo mejor es que un profesional experto, coach en salud integral, te aconseje de forma personalizada y juntos diseñéis tu plan de alimentación ideal, adaptado solo a ti, con las mejores prácticas de cada dieta: mediterránea, vegana, paleo, vegetariana, macrobiótica, budista, etc.

Las pautas de la alimentación de Buda para vivir más años (y multiplicar tu calidad de vida)

He tenido la oportunidad de visitar y asistir a retiros budistas en diferentes países y he compartido tres comidas al día con personas de culturas y hábitos diferentes. Entre esa mezcla, todos llegamos a un punto común en nuestros menús aplicando los principios para una alimentación que cuide nuestra salud y nos ayude a prevenir enfermedades, mejorar nuestra calidad de vida y aumentar nuestra energía. Como coach de salud integral, me pareció muy interesante lo que podía aprender de todas esas personas y decidí tomar nota de los patrones comunes de alimentación más eficaces para contártelos:

 

  1. Toma alimentos vegetarianos

Nuestras comidas fueron todas vegetarianas. No tomamos carne, lácteos ni huevos. Sin embargo, incluimos muchas lentejas, garbanzos, sopas, ensaladas y platos de verdura variada. Como sabes, es muy importante adaptar tu alimentación a las estaciones y el clima actual de tu ciudad. En mi caso, fueron épocas y lugares fríos en su mayoría, por lo que nuestra comida era abundante, cálida y reconfortante.

 

  1. Diseña tu rutina

Establece un horario diario que puedas seguir todos los días (a ser posible), adaptándolo a tus necesidades, actividades, trabajo, familia, estudios… Por ejemplo: desayuno (entre las 08:00-09:00), comida (de 14:00-15:00) y cena (esta hora, teniendo en cuenta lo normal en España, debemos adelantarla, intentando no comer nada pasadas las 20:30pm. Permite a tu organismo que descanse, déjale depurar, te lo agradecerá).

Tener un horario diario predecible nos permitió planificar nuestro día y regular el apetito. La cena era temprano, sobre las 19:30-20:00, y hubo un largo período de ayuno desde la cena hasta el desayuno del día siguiente, pero mi cuerpo se ajustó rápidamente al ritmo (es cierto que suelo seguir esa rutina también en mi vida diaria, por lo que no me costó adaptarme. Si en tu caso tienes otras costumbres y cenas más tarde, no te preocupes, es un hábito bastante fácil de cambiar cuando notas sus beneficios).

 

  1. No a las meriendas

Unos cocineros/as nos ayudaban a preparar nuestras comidas, y no teníamos acceso a la cocina entre comidas. Había tazones de fruta fresca si queríamos tomar un tentempié a media mañana, y también había mucho té disponible en todo momento. Salvo eso, nada más de picar.

Es muy importante que hagas 3 comidas al día, no fuerces tu metabolismo, realmente no lo necesitas y esas comidas entre horas son las que destrozan tu rutina y todos tus esfuerzos.

 

  1. No comidas a escondidas

En la misma línea, ya que todas nuestras comidas las hacíamos en grupo y no había ninguna máquina expendedora, un armario secreto del chocolate, ni un puesto de pizza 24/7, todo lo que comíamos era visible ante los demás.

Entre las costumbres de mis pacientes, es bastante común conocer a gente que suele ‘picar’ (una vez los niños se han ido a la cama, por ejemplo), y eso no es nada saludable, ya que psicológicamente, al hacerlo a escondidas, no ‘contabiliza’ para ellos como una comida más, que afecta a la nutrición de su organismo y a su salud.

 

  1. Guarda el postre para una ocasión especial

Durante los días que dura el retiro (4-7 días), comimos arroz integral con leche de avena y canela dos veces después de la comida y una barritas de avena casera con frutos secos después de las prácticas de yoga. El azúcar y los dulces eran muy limitados.

El postre no era una rutina diaria, era una ocasión especial. Y así debes planteártelo. Cuando te acostumbras, pierdes la ansiedad que aparece al ‘esperarlo’, te cuerpo se adapta y aprecias más tus comidas, redescubres el sabor de las frutas y las verduras como algo mucho más vibrante.

 

  1. Disfruta las comidas caseras

Cocina más en casa. Cada comida que hacíamos era totalmente casera, incluyendo pan recién horneado, sopas y guisos. Como resultado, utilizábamos los ingredientes de la mejor calidad y lo hacíamos de forma consciente, controlando cosas tan comunes como la sal o el aceite, utilizando sal marina sin refinar y aceite de oliva virgen extra ecológico prensado en frío. Sin conservantes, sin gluten y disfrutando de sabores frescos y únicos.

En las sesiones con mis pacientes siempre les animo a que aumenten poco a poco la cantidad de comidas caseras, porque es mucho más fácil comer de forma saludable si tienes más control sobre cómo preparas tus alimentos. Un buen truco es comenzar con el desayuno y a partir de ahí, irás avanzando casi sin darte cuenta.

 

  1. Come después de la meditación

Durante mis días allí, realizábamos distintas actividades, entre ellas practicamos meditación y yoga. Justo antes de las comidas meditábamos durante 10 minutos. Esto nos llevaba a un estado relajado y consciente antes de comenzar a comer. Esto es muy bueno porque cuando estás tranquilo tu digestión y asimilación de nutrientes fluyen mucho mejor. Recuerda, con 5-10 minutos es suficiente.

La mayoría de nosotros hoy en día no tenemos tiempo para meditar tres veces al día cuando estamos fuera de la atmósfera de un retiro, pero no te preocupes. Todo se puede adaptar y aprovechar igualmente sus beneficios. Respira. Utiliza las respiraciones profundas, basta con 5. Tendrás tu momento de gratitud y podrás comer en un estado relajado y sin prisas en tu interior. Sé que estás pensando y no hay excusas, esto no es incompatible con tener solo media hora para comer en el trabajo.

 

  1. Keep calm and eat. Come en calma

Siempre comíamos sin la distracción de la radio, la televisión o los periódicos. También comíamos muchas veces en silencio. Sin entretenernos demasiado en hablar con la persona que teníamos al lado. Seguro que has escuchado alguna vez frases como “Concéntrate en lo que estás haciendo”, y así es, cuando centras tu atención y tu mente en lo que estás haciendo en ese momento y te liberas de distracciones los beneficios son mucho mayores.

En especial, me encantó poder disfrutar del silencio durante el desayuno, porque la mañana es un momento más reflexivo y fue agradable comenzar el día en silencio, estar conmigo misma, dedicar un tiempo solo para mi y cargarme de energía para ese nuevo día que comenzaba. Si nunca has hecho una comida en silencio, deberías probarlo, es una práctica muy poderosa. Quizá el primer día te parezca raro, sobre todo si sueles comer con la televisión encendida o atendiendo el móvil, pero date tiempo, notarás los beneficios.

 

  1. Porridge para desayunar

Todos los días tomábamos el mismo desayuno, porridge de arroz integral con diferentes toppings (canela, semillas de calabaza, pasas, muesli, frutas…). La comida y la cena fueron variados.

Esto llamó mi atención porque, a pesar de practicar con mis pacientes y en mi vida diaria muchas pautas de la dieta macrobiótica, el porridge nunca había sido de mis favoritos, no me hacía mucha gracia, pero sus efectos son totalmente increíbles. La digestión mejora a la velocidad de la luz y tu energía sube como si de un cohete se tratase. No digo todos los días, pero te recomiendo que incluyas el porridge 1 o  2 veces en tus desayunos.

Lo más importante que saqué de todo esto es lo que aplico cada día en mis consultas. Ayudo a aquellas personas ocupadas que tienen un ritmo frenético de vida a sistematizar sus comidas. Les digo 3 o 4 opciones deliciosas y nutritivas para sus desayunos y prueban durante algunas semanas. Una vez han dado con la que más les gusta, les doy variantes para que combinen y aumenten los nutrientes necesarios y la aplican en su día a día. Esto hace que ganen tiempo y sus mañana ocupadas fluyan mucho mejor. Les encanta porque permiten que su cuerpo entre ‘en ritmo’. 

 

  1. Ayuda o cocina tus propias comidas

Esto va a depende de si vives sola/o, en pareja, en familia… Pero puedes adaptarlo en cualquier caso. Sé el responsable de tus comidas o ayuda activamente a prepararlas. Esta te ayudará a formar parte del proceso, no de comer, si no de alimentarte y nutrir correctamente tu cuerpo, de cuidarte. Hará que te sientas responsable y más agradecido. Esta sensación de satisfacción aumentará si además en alguna ocasión preparas el menú para tu pareja, familia o amigos. ¡Regálales salud!

 

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Si sientes curiosidad y te han gustado estas ideas, te animo a escoger una o dos para empezar a incorporarlas a tu vida diaria. Tómate tu tiempo y disfruta de los beneficios que van a aportar a tu vida.

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